Nuestras familias son muy importantes, la crianza de un niño en un hogar estable y lleno de amor es vital. La falta de esto puede dañar los valores del ser humano. Los jóvenes constituyen una parte importante de la sociedad. Hay que tomar medidas y tener soluciones para evitar que los niños se aruinen.
“Un delincuente no nace, sino que se hace”, los niños nacen y la sociedad inculca lo que luego se refleja. Hay que llevar a la sociedad a otro lugar, lejos de la criminalidad. El camino para lograrlo es con nuestros hijos. Evitar la criminalidad infantil, e impedir que surjan delincuentes es nuestra meta. También es obvia la necesidad de integrar estrategias dirigidas a la mejora de ciertas capacidades y habilidades en los jóvenes con aquellas otras encaminadas a alterar la comunidad, el medio social, donde toda persona se moldea.
La mentalidad del individuo se va autodestruyendo como raíz del rompimiento familiar. La familia debe ser la base más sólida de la sociedad. Al autodestruirse la persona, a su vez desaparece la persona; entonces el individuo no le encuentra sentido a su vida. No aprovechan su tiempo en educación, deportes y otras actividades de desarrollo, se dedican a deteriorarse y lo más importante a hacerle daño a sus semejantes, ya sea robándoles, hiriéndolos o como se ha dado en otras situaciones, matando a familiares, incluso a sus propios padres.
Vemos que la readaptación del criminal se ve obstaculizada por la misma sociedad, que no favorece a la integración del exconvicto a ésta, privándolo de empleos que permitan poder tener una vida honrada, lo que lo lleva a reincidir en la delincuencia, como una forma de sobrevivencia.